12.12.10
Agradecimiento
De enredos y tijeras
18.6.10
Papiroflexia para dos
Prefiero perecer bajo las manitas de un niño curioso. Un pequeño que deshaga poco a poco mis plegados. Me hace ilusión pensar que una vez se encuentre con la escueta cuartilla en la mano, no quiera darle forma a su imagen y semejanza. Mejor que la tire sin más.
Un barquito de papel con palabras en su interior. Palabras escritas bajo mi puño y letra. Mensaje que he escondido en el vaso de la batidora para después apretar el botón rojo hasta el fondo, a todo motor.
He guardado el confeti en el cajón de los cuchillos. Te espero a las diez. Esta noche, fiesta.
29.5.10
Yo no soy así
27.3.10
Sueños son
13.3.10
Las veletas
3.3.10
En mi gravidez
13.1.10
Luciérnagas en el limonero
7.1.10
La otra oportunidad
22.12.09
Feliz Navidad 2009
1.12.09
Reciclando
Al natural
28.11.09
Perdidos en el supermercado
Después de baños, cenas, cuentos y buenas noches. Después de poner al fuego las cazuelas con la comida para mañana. Después de corregir exámenes, de elaborar nuevos ejercicios, de preparar la labor de aula del día siguiente. Después de poner lavadoras y de comprobar que zapatillas y babies están listos para otra jornada escolar. Después de pasear al perro, de ponerle su comida, de darle su ración de mimos. Después, sólo después y robándole horas al sueño ha vuelto a aparecer por casa Lúa Gramer.
Con los cascos en las orejas y con la ilusión en nuestros pensamientos hemos vuelto a aprovechar las horas nocturnas para transformar nuestras emociones en forma de canción. Sin hacer mucho ruido, la complicidad que nos une ha creado "Perdidos en el supermercado" una versión de The Clash, de su afamado álbum "London Calling". Nuestro granito de arena para el concurso que organiza "Hoy comienza todo" de RN3. No hay premio material, tampoco lo buscamos. Buscamos seguir disfrutando con lo que hacemos y lo hemos conseguido. Con creces.
"Perdidos en el supermercado" se puede escuchar en:
11.11.09
El garabato
9.11.09
A quince kilómetros por hora
2.11.09
Girando a compás patrio
21.10.09
Solo apto para amigos
15.10.09
El Guiñol
Diecisiete
Ese día fue extraño. Andaba por el piso frenético con ganas de ordenarlo todo, quería causarte buena impresión. Tomás me había hablado mucho de ti, de la tímida amiga de Mabel. Tanto me había contado que tenía una gran curiosidad por conocerte, no podía presentarme como alguien desordenado. Todo debía estar bien. Cada cosa en su lugar, algunas nunca lo habían tenido, con lo cual había que buscárselo. Ya sabes, dos chicos solos.
Mabel nunca me había soportado, no sé como la convenció Tomás para que accediera a presentarme a su mejor amiga. Debió de ponerse muy pesado, la verdad. Cuando sonaba el timbre con dos pitidos cortos, impertinentes y mi compañero corría a contestar, sabía perfectamente que esta chica aparecería en segundos destrozando nuestra paz estudiantil , encerrándose con él en su habitación para entonar gemidos que nunca intentaban encubrir. Guarrilla y viciosa, así era la novia de mi compañero de piso.
Por eso me sorprendía que alguien como ella pudiera tener una amiga como tú. Como te describía Tomás. Siempre pensé que exageraba sobre tu aspecto, sobre tu forma de ser. De ahí mi curiosidad, de ahí y de otras cosas. Yo tenía 24, estaba en cuarto todavía, mientras que tú con tus 20 estabas en segundo con algunas de tercero. Debo confesar que nunca me fijé en ti por los pasillos de la facultad. La verdad es que nunca me fijaba en nadie.
Encargamos comida china y el chino llegó antes que vosotras. Recuerdo el arroz frío y las bromas sobre sus guisantes duros. Te reías poniendo la servilleta sobre tu boca, aunque en ese momento no la tuvieras llena. Nos bebimos dos cartones baratos de vino tinto con casera. Los tortolitos en celo se fueron a su habitación, no recuerdo la excusa, tampoco la necesitaban ni ellos ni nosotros. Entonces nos quedamos solos y sólo entonces pude conocerte.
Cogí el abrigo para acompañarte a tu casa y susurraste que fuera no hacía frío. Lo volví a colgar en el perchero de la entrada.
Cuando bajamos, el termostato de la parada del bus, marcaba 17 grados. Nos miramos, nos reímos, te di un beso en la mejilla y lo convertimos en nuestro número de la suerte. Era diecisiete de abril de 1993.
5.10.09
Entre sábanas grises
Las gotas emborronando el cristal me impiden ver la calle. Pequeñas gotitas golpean sin cesar fusionándose unas con otras, formando furiosos regueros que desembocan en el alfeizar de la ventana. El cielo, cubierto de nubarrones espesos, se erige como primer juez de mi acto.
La piel de tu pie derecho, de blancura marmórea, contrasta con el esmalte rojo bermellón con el que te has pintado las uñas. Con un trazo seguro, perfecto. Precisión de cirujana.
Clara, Clarita. Mi Clara. Siempre mía. Nunca me has sabido explicar porque te pintas las uñas en invierno. Nunca he sabido entender el porque de esas perdidas de tiempo. Tú, que siempre duermes con calcetines.
Sábanas grises te envuelven por completo, esas sabanas calientes donde han retozado nuestros cuerpos. Donde hoy tal vez tu orgasmo no fuera fingido. No, Clara, hoy no lo ha sido. Hace mucho tiempo de aquello, hoy había deseo. Sábanas arrugadas, sudadas, manchadas, sucias, sabanas que te cubren entera, a excepción de ese pie.
Me voy, mi amor. Despacito, sigiloso, no quiero enturbiar el sueño causado.
Nos veremos, no se si mañana o pasado, a lo mejor en una semana. Tal vez, en nuestro próximo encuentro ya no quieras dirigirme la palabra.